Soy mi contraseña: Cómo construir y memorizar contraseñas complejas a base de una fotografía



Una propuesta quizá irrisoria para los tiempos que corren.

La imagen más evidente para representar la figura de la construcción de una contraseña es la de un individuo delante de una pantalla llenando el formulario de registro de una plataforma. El individuo puede decidirse por utilizar una nueva contraseña o bien por otra que esté alojada en su memoria. En numerosas ocasiones las contraseñas se toman como un elemento ínfimo, pero rara vez a la información que resguardan. Al construirlas, se debe de tomar el tiempo que sea necesario para aumentar su complejidad.

Las contraseñas pueden contener textos, números, caracteres especiales, e incluso imágenes y datos físicos (alternativas más recientes). Es decir, son un claro ejemplo de «tipos de datos informáticos».
Si bien ya existe una cantidad considerable de alternativas para construir contraseñas complejas; son escasas o quizá inexistentes las opciones cuya base es la información que el usuario recuerda de forma efectiva y que también faciliten la memorización de las contraseñas de una forma natural.
Las claves poco complejas son uno de los factores que generan problemas en el ámbito de seguridad informática. Por ejemplo: pérdida de documentos de suma importancia o información confidencial, robo de identidad, daños a la imagen pública, pérdidas económicas, entre otros.

En la mayoría de servicios ofrecidos a través de Internet, el usuario ha de registrarse como tal e identificarse para acceder a dichos servicios e información almacenada mediante una contraseña. Construir contraseñas es una tarea habitual para el usuario, para resguardar su información. Esto conlleva a pensar que, el tiempo dedicado a esta tarea depende de la importancia y de lo sensible que sea la información resguardada en los servicios que ofrecen las compañías a través de Internet.

El subtítulo reza: «una propuesta quizá irrisoria para los tiempos que corren», dado que desde el año 2015 (o quizá mucho antes) han surgido alternativas que pretenden sustituir los procesos de construcción y memorización de contraseñas, la mayoría biométricas, algunas muy interesantes. En primer lugar, las dos propuestas por Motorola: tatuajes y píldoras como medios para que el usuario se identifique en plataformas digitales; Amazon, con el desbloqueo de dispositivos por medio de la forma de la oreja; además, Yahoo!: con BodyPrint y Yahoo Key Account; por último, el proyecto Nym: con éste pretenden convertir los latidos del corazón en contraseñas. Hay una enorme probabilidad de que estas alternativas se conviertan en viables, y, por supuesto, continúen con un camino saludable de desarrollo para extenderse a otros dispositivos y/o aplicaciones; pero, a lo mejor en un futuro próximo serán objeto de opiniones y críticas discutibles, relacionadas con la privacidad del usuario. Dicho esto, te comparto el método Soy mi contraseña:

Actualización (14/12/2016)
Ahora si estoy seguro de nombrar «libro» a esta obra.  Descarga el PDF.

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